miércoles, 22 de agosto de 2012
De tren en tren también se ven cosas
A las seis y media de la mañana, cuando la revisora nos ha despertado, he visto uno de los paisajes más bonitos en lo que mi cabeza alcanza a recordar... Un lago tallado en cristal de bohemia, al borde un acantilado de piedra que parecía no tener menos de seiscientos metros de caida libre, todo ello rodeado por unas arboledas inmensas dignas del mismísimo bosque de Isengard... En fin, la foto no ha podido captar ni la milésima parte de la belleza de la zona, pero bueno, os dejo un poco de miel en los labios (ha sido poco antes de llegar a Zurich)
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